
A la mañana siguiente, Phoebe bajó por las escaleras en vez de utilizar el ascensor. Llevaba unos cómodos pantalones de algodón y sandalias, con un top debajo de una camisa de manga corta. Aunque Lucia-Serrat era un país oriental de ideas avanzadas, no quería ofender a nadie vistiendo de manera inmodesta, en su gran bolso de paja había metido crema bronceadora, algo de fruta, una botella de agua y un mapa. Ese día pensaba empezar a visitar los lugares de la lista de Ayanna, partiendo del más cercano al hotel.
Más adelante pensaba alquilar un coche y explorar los alrededores. En cuanto a lo de visitar la Punta Lucia… bueno, ya se enfrentaría con ese problema a su debido momento.
Phoebe bajó las escaleras de buen humor y entró en el vestíbulo del hotel.
– Buenos días. Confío en que haya descansado bien.
Se detuvo en seco, incapaz de creer lo que estaba viendo. Era él, el hombre que había conocido en la tienda el día anterior. En lugar del traje, llevaba un pantalón sport y una blanca camisa almidonada. Pero no tuvo el menor problema en reconocer sus hermosos rasgos y la familiar sensación de su propio estómago…
Él le sonrió, descubriendo una dentadura blanca y reluciente.
– Veo por su expresión de sorpresa que se acuerda de mí. Espero que el recuerdo sea agradable.
Phoebe evocó inmediatamente el último pensamiento que había tenido antes de dormirse: el leve beso que aquel hombre le había dado en la mano. Un intenso rubor le subió por la cara.
– Buenos días -susurró.
– Así que hoy piensa empezar su tour por mi isla. Me acuerdo: la lista de su tía. ¿Qué lugar va a visitar primero? Phoebe no supo qué decir.
– He pensado en empezar por la playa de Parrot Cove -respondió vacilante, ignorando lo que lo había traído al hotel, o el motivo de que se hubiera molestado en hablar con ella.
