Debajo de él, un puerco espín dejó caer los higos que había estado cenando cuando la sombra del águila pasó sobre su cabeza. Dos monos arañas hembra, borrachos por las frutas fermentadas, lo miraron fijamente. La selva del Amazonas atravesaba ocho fronteras, extendiéndose a través los países con sus propias formas diversas de vida. Un oso hormiguero que trepaba a las ramas de un árbol se detuvo para mirarlo con una ojeada cautelosa. Los guacamayos de brillante rojo y azul gritaron advertencias cuando pasó por encima, pero los ignoró, expandiendo su círculo más ampliamente para abarcar cada vez más territorio.

El águila se movía silenciosamente por el bosque, tan alta como el dosel lo permitía, sin emerger por encima, cubriendo kilómetros. Necesitaba el refugio de los miembros retorcidos y el tupido follaje para bloquear la luz. Con los ojos del águila hharpía podía ver algo tan pequeño como de dos centímetros a casi dos metros. Podía volar hasta ochenta kilómetros por hora si estaba en un espacio abierto y dejarse caer con mareante velocidad si era necesario.

Ahora bien, la vista era la razón principal para haber escogido la forma del águila. Divisó cientos de ranas y lagartos punteando las ramas y troncos mientras hacía barridos. Las serpientes estaban enrolladas entre los miembros treorcidos, ocultas entre las flores empapadas por la lluvia. Un margay se encogió más profundamente en el follaje de un alto kapok, con sus grandes ojos fijos en la presa. El águila se hundió más, inspeccionando la vegetación llena de maleza. Bloques de piedra caliza yacían medio enterrados en escombros, como si hubieran sido esparcidos por una mano voluntariosa. Un cenote brillaba con agua azul, testificando un río subterráneo.

El águila continuó expandiendo su círculo, abarcando cada vez más kilómetros hasta que encontró lo que buscaba. El pájaro se posó en lo alto de las ramas de un árbol alto al borde de un claro hecho por el hombre. Un edificio grande de acero y con cerrojos había sido introducido pieza a pieza y construido en el último año. Se había favorecido el crecimiento alrededor de él, presumiblemente con vistas a ocultarlo, pero no había habido suficiente tiempo para que el bosque recuperara el terreno perdido.



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