Hombres jaguares. Cambiaformas. No cupo duda en la mente de Dominic. Alguien había atacado este complejo y producido un daño considerable. Obviamente el guardia humano recelaba de los hombres jaguar, pero les permitió entrar en el edificio. El segundo guardia se había colocado detrás y cubría a los dos cambiaformas, con el dedo en el gatillo. Estaba claro, había una tregua inquieta entre las dos especies.

Dominic sabía que los hombres jaguar estaban al borde de la extinción. Él había visto el declive unos pocos cientos de años atrás y sabía que era inevitable. En esa época, los Carpatos habían tratado de advertirles de lo que se avecinaba. Los tiempos cambiaban y una especie tenía que evolucionar para sobrevivir, pero los hombres jaguar rehusaron el consejo. Quisieron seguir con las viejas costumbres, viviendo en lo profundo de las selvas, encontrando una compañera, impregnándola y trasladándose. Eran salvajes y de mal temperamento, siempre incapaces de asentarse.

Los pocos hombres jaguar con los que Dominic había pasado algún tiempo tenían un tremendo sentimiento de derecho y superioridad. Veían a todas las demás especies como inferiores, y sus mujeres no significaban para ellos mucho más que un recipiente para portar a sus crías. La familia real tenía una larga historia de crueldad y abuso contra sus mujeres y niñas, una práctica que los otros machos vieron como ejemplo y la siguieron. Unos pocos y raros hombres jaguar intentaron de convencer a los demás de que debían valorar a sus mujeres y niñas, en vez de tratarlas como a una propiedad, pero se les había considerado traidores, habían sido rechazados y ridiculizados, o peor, asesinados.



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