Otra vez se encontró sonriendo por dentro ante una fantasía tan ridícula a su edad. Debía ser un signo del empeoramiento de su mente. La senilidad se había impuesto. Pero cómo la echaba de menos cuando no podía traerla a él. Ella parecía más cerca allí en el calor de la selva, con la lluvia cayendo en capas plateadas. El velo de humedad le recordó la primera vez que había logrado mirar detenidamente a través de la neblina de su sueño y vio su cara tan claramente. Le había robado el aliento. Parecía tan asustada, como si se hubiera revelado deliberadamente, corriendo el riesgo al fin, pero temblaba, esperando que él la juzgara.

Él se había sentido más cercano al amor verdadero de lo que jamás estuvo. Trató de comparar el sentimiento con lo que había sentido por su hermana Rhiannon, en los primeros días cuando todos eran felices y él todavía tenía sus emociones. Había guardado el recuerdo de ese amor todos esos siglos, pero ahora, cuando necesitaba el sentimiento para completar su sueño, antes de salir a luchar, el sentimiento era enteramente diferente.

Sentimiento. Dio vueltas a la palabra una y otra vez en su mente. ¿Qué significaba? ¿Recuerdos? ¿O realidad? ¿Y por qué eran sus recuerdos tan nítidos de repente aquí en la selva? Olió la lluvia, inhaló el aroma de ésta y hubo un borde de placer en la sensación. Era frustrante captar casi el sentimiento y aún así, que le eludiera. No era simplemente un subproducto de ingerir la sangre de vampiro, había empezado a “soñar” mucho antes. Y los sueños sucedían mientras estaba despierto.

Dominic sospechaba de todas las cosas que no tenían sentido. No era un hombre propenso a los sueños o a las fantasías y esta mujer mítica se estaba convirtiendo en una gran parte de su vida, en una parte de él. Se estaba engañando al pensar que era una verdadera compañera, realidad en vez de un mito, mas aquí en la tierra donde mitos y leyendas volvían a la vida, casi podía convencerse de que ella era real.



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