Decidió que lo más seguro era llamar a la puerta de Rose's. Lo hizo y, con la bolsa de organdí entre las dos manos y pegada al pecho, esperó. Dado el ruido del interior, no era de extrañar que nadie contestara. En algún lugar a sus espaldas se hacía audible el sonido de un arroyo. Un hombre salió del edificio contiguo y desapareció en la oscuridad en dirección a las tiendas de campaña. Ajeno a la presencia de Sarah se detuvo, dejó escapar una ventosidad ruidosa, inclinó la nalga izquierda antes de que el sonido se extinguiera y continuó su camino.

Sarah volvió a golpear la puerta, esta vez más fuerte.

– Nadie llama a la puerta en Rose's -dijo una voz profunda a sus espaldas-. Entre directamente.

Sarah se sobresaltó y se giró con una mano en el corazón.

– ¡Dios santo, me ha asustado!

– No ha sido mi intención. -Un hombre alto estaba de pie tras ella. La oscuridad le impedía verle la cara.

– Dígame… ¿es éste el único Rose's en Deadwood?

– El único. Es nueva en el pueblo -dijo en tono irónico.

– Sí. Estoy buscando a mi hermana Adelaide. Trabaja de criada en casa de Rose Hossiter, pero según parece ha cambiado su nombre por el de Eve.

– Conozco a Eve.

– ¿Sí?

– A decir verdad, la conozco muy bien. Así que usted es su hermana.

– Sí… Sarah Merritt. Acabo de llegar de St. Louis. -Extendió su mano enguantada. Él se la estrechó fuerte y prolongadamente, mientras ella trataba de adivinar los rasgos del rostro de aquel hombre que quedaban ocultos bajo su sombrero.

– Noah Campbell.

– Señor Campbell -respondió Sarah con cortesía. Habría retirado la mano, pero él seguía sujetándosela.

– Bueno, señorita Merritt, es un placer inesperado. Permítame acompañarla al interior y presentarle a Rose. Ella podrá decirle dónde puede encontrar a su hermana. -Como ejecutando un paso de danza, abrió la puerta con brío y la hizo entrar, soltándole la mano mientras la puerta se cerraba pesadamente tras ellos-. Bienvenida a Rose's, señorita Merritt -añadió extendiendo su mano abierta hacia la sala.



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