– No señor. Pienso editar un periódico.

– ¡Un periódico!

– Eso es. Empezaré en cuanto llegue mi imprenta, si es que aún no ha llegado.

– Pero usted es una mujer.

– Sí, señor Reese, lo soy. -Sarah guardó de nuevo la fotografía en el baúl y ajustó las correas-. Muchas gracias por su ayuda. Ahora, si me indicara la dirección de un hotel, le estaría muy agradecida.

– ¡Ayudadla con los baúles, muchachos! -gritó Reese-. ¡La acompañaremos al Grand Central!

– No, por favor… yo…

– Será un placer, señorita. No tenemos muchas ocasiones de ver a una dama por aquí. Como le he dicho, no hay más que un par de docenas de mujeres en Deadwood, si llegan.

Aunque no le entusiasmaba la idea de hacer su entrada en Deadwood en compañía de la clientela del bar Eureka, Sarah no veía cómo podría llevar sola los dos baúles al hotel. Además, tenía presente que, como editora de un periódico, era prudente evitar enemistarse con cualquier lugareño durante su primera noche en el pueblo. Aquél era un pueblo de buscadores de oro. El oro implica dinero y el dinero intereses poco nobles. Cualquiera de aquellos hombres podía ser el dueño del terreno que ella podía estar interesada en comprar o del edificio que podía querer alquilar o, incluso, miembro del Concejo Municipal.

– Gracias, señor Reese. Le agradezco su ayuda. -Se encontró rodeada por el ruidoso grupo que, cargando sus baúles, la escoltó hasta el final de la manzana.

– Tiene suerte -comentaba Reese mientras subía los escalones de un edificio alto, de fachada simulada y dotado de la primera acera de madera que Sarah veía en todo el pueblo-. El Grand Central se inauguró la semana pasada. -La condujeron al interior, a través de un vestíbulo espartano. Formaron un corro a su alrededor junto al mostrador y le presentaron al recepcionista nocturno-. Te traemos una cliente, Sam. Es la señorita Merritt; acaba de llegar en la diligencia de Cheyenne.

– Se… señorita Me… Merritt. -Enrojeció y extendió su mano, flaccida y húmeda como un repollo cocido. Era un hombrecillo sin barbilla, usaba gafas redondas y sus modales eran afeminados. Vestía un traje marrón a cuadros y llevaba el pelo peinado con la raya en medio-. Es un placer co… conocerla.



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