
Regresa en un instante a ese lugar.
Finales de septiembre.
– Alex, mira… Mira… ¡No tengo miedo!
Niki está en lo alto de un peñasco, completamente desnuda, recortada por el sol que se encuentra a sus espaldas. Sonríe a contraluz y grita:
– ¡Me tirooo! -y salta al vacío.
Su melena oscura con algunas mechas aclaradas por el sol y el mar, por todos esos días que han pasado en la isla, la sigue ligeramente rezagada. ¡Plof! Está en el agua. Mil burbujas en torno a ella, que desaparece en el azul del mar.
Alex sonríe y sacude la cabeza, divertido.
– No me lo creo, no me lo creo…
Se levanta de un peñasco más bajo donde estaba leyendo el periódico y se tira también. En un abrir y cerrar de ojos, emerge junto a las burbujitas y la ve reaparecer risueña.
– Entonces, ¿qué?, ¿te ha gustado? Tú no te atreves…
– Pero ¿qué dices?
– En ese caso, vamos, prueba… No tengo todo el día…
Se ríen divertidos y se abrazan, desnudos, agitando los pies bajo el agua a toda velocidad para mantenerse a flote. Se dan un beso salado, prolongado, suave, con el sabor dulce del amor. Sus cuerpos calientes se aproximan y se unen en el agua fresca. Están solos. Solos en medio del mar. Y un beso, y otro, y otro más. De repente se levanta una ráfaga de viento. El periódico sale volando, abandona el peñasco, se levanta, revolotea a lo lejos, arriba, más arriba, como una cometa sin hilo que, furiosa y rebelde, se abre de repente desplegando sus alas y parece multiplicarse en otros diarios idénticos que, plof, se abren también con el viento y a continuación caen en picado sobre Alex y Niki.
– ¡Nooo! Mi periódico…
– ¡Qué más da, Alex! ¿Hay algo indispensable que debas saber?
Se separan y nadan veloces para recoger las páginas mojadas: anuncios, malas noticias, datos económicos, crónicas, política y espectáculos.
– Aquí está, ¿ves?…, es mi periódico…
Pero el interés dura un instante, Alex esboza una sonrisa. Es cierto, ¿qué debería saber? ¿Qué necesito? Nada. Lo tengo todo. La tengo a ella.
