
—De acuerdo, entonces —dijo Cherkassky—. Queremos que concentre sus pensamientos en la información. Procure ser concreto. Y no trate de engañarnos pensando en otras cosas; le estaremos controlando. Levantaré mi mano cuando vaya a borrar, lo cual será alrededor de cinco segundos a partir de este momento.
Tallon se dispuso a ordenar los grupos de cifras, sintiéndose súbitamente invadido por un miedo terrible a perder su propio nombre. La mano de Cherkassky realizó un movimiento preliminar, y Tallon luchó contra su pánico mientras las cifras se negaban a fluir adecuadamente, a pesar de su memoria adiestrada en el Bloque. Luego… nada. Los números que habrían dado a la Tierra todo un mundo nuevo habían desaparecido. No se había producido ningún dolor, ningún sonido, ninguna sensación de ninguna clase, pero el fragmento vital del conocimiento ya no era suyo. A medida que la expectación del dolor se desvanecía, Tallon empezó a relajarse.
—No ha sido tan terrible, ¿verdad? —Cherkassky se pasó una mano por la espesa cabellera que parecía medrar como un parásito a costa de su pequeño y frágil cuerpo—. Completamente indoloro, diría yo.
