
—No he sentido nada —admitió Tallon.
—¿Pero la información ha quedado borrada?
—Sí. Ha desaparecido.
—¡Asombroso! —La voz de Cherkassky se hizo coloquial—. Nunca deja de asombrarme lo que es capaz de realizar esta cajita. Hace innecesarias las bibliotecas, ¿sabe? Lo único que cualquiera tiene que hacer es tomar un libro que realmente le guste, y puede leer y borrar, leer y borrar durante el resto de su vida.
—No es mala idea —dijo Tallon suspicazmente—. ¿Le importa que me quite estos chismes de la cabeza?
—No mueva un solo dedo hasta que el señor Cherkassky dé la orden —el sargento rubio dio unos golpecitos en el hombro de Tallon con su pistola-avispa.
—Oh, vamos, sargento —protestó Cherkassky amablemente—. No sea demasiado duro con él. Después de todo, se ha mostrado cooperativo. Y muy comunicativo también. Me refiero a lo mucho que nos contó antes acerca de esa muchacha a la que conoció en la Tierra. La mayoría de los hombres no hablan de ese tipo de intimidades. ¿Cómo se llamaba la chica, Tallon? Ah, sí, ya recuerdo: Mary.
—Myra —rectificó Tallon maquinalmente, y observó la sonrisa que se ensanchaba en el rostro del sargento.
El pulgar de Cherkassky había descendido sobre el botón rojo. Tallon vio la expresión extrañamente triunfal de los ojos de Cherkassky, y le abrumó la sensación de haber sido estafado. Algo, alguna parte de él, había desaparecido. Pero, ¿qué? Intentó explorar su propia mente, buscando baches de oscuridad en su memoria. Sólo encontró la impresión de haber perdido algo.
La rabia hirvió entonces en su interior, limpia y pura. Tallon notó cómo fundía toda precaución y sentido común, y se sintió agradecido.
—Es usted repugnante, Cherkassky —dijo, sin alzar la voz—. Un ser asqueroso.
El cañón de la pistola-avispa cayó sobre su hombro, malignamente, y al mismo tiempo vio el pulgar de Cherkassky acercándose de nuevo al botón. Tallon trató de arrojar un pensamiento inesperado por delante de su mente antes de que se estableciera el contacto. La estrella quebradiza es un animal marino emparentado con el… ¡En blanco!
