
El vehículo redujo su velocidad, escoró un par de veces mientras doblaba esquinas, y luego se paró. Cuando a Tallon le ayudaron a apearse, supo con certeza que se encontraba en un aeródromo. Notó las corrientes de aire, que hablaban de un espacio abierto, y captó el olor de combustible de aviación; luego, confirmando su primera impresión, oyó el sonido de enormes turbinas girando muy cerca.
Tallon se sintió ligeramente interesado. No había volado nunca sobre Emm Lutero porque era muy caro, y porque viajar de aquella manera le hubiera hecho demasiado conspicuo. Las aeronaves civiles eran grandes, pero transportaban comparativamente pocos pasajeros de pago, debido al estricto control que el gobierno ejercía sobre los objetivos del viaje. Los fuselajes estaban pesadamente acorazados, y las alas eran ineficaces según las normas de la Tierra, ya que además de los motores transportaban todo el combustible y los sistemas de control. En caso de aterrizaje forzoso las alas, con su mortífera carga de combustible, eran expulsadas por medio de unos pernos explosivos. El gobierno planetario había hecho seguro el vuelo sobre Emm Lutero, sin escatimar dinero para ello, y en ese aspecto se había ganado la aprobación de Tallon, poco inclinado a concederla. Más de una vez había pensado que ojalá que el Moderador Temporal hubiera demostrado el mismo buen sentido en lo que respecta al control de los organismos gubernamentales.
Unas manos invisibles le ayudaron a subir unos peldaños y a penetrar en el cálido interior, oliendo a plástico, del avión, hasta un asiento. Otras manos le abrocharon el cinturón de seguridad, y repentinamente le dejaron solo. Tallon escuchó intensamente, utilizando su truco recién descubierto de buscar conscientemente distintas frecuencias de sonido, pero las únicas voces que captó fueron las de los agentes de la P.S.E.L. conversando en susurros. Era evidente que habían fletado un avión exclusivamente para él. Sintiendo frío, Tallon se encogió en su asiento y deseó poder mirar a través de las ventanillas.
