
Los grupos de dígitos que había memorizado eran las coordenadas del nuevo portal, más el salto de impulsión y el salto adicional involucrados, teniendo en cuenta las diferencias gravitatorias entre Emm Lutero y la Tierra. Representaban nada menos que un flamante planeta tipo Tierra. Él, Sam Tallon, era el poseedor del secreto individual quizá más importante del universo. Pero no iba a morir por él… por nada ni por nadie. Lo único que le debía al Bloque era una tentativa razonable para escapar. Encendió otro cigarrillo y se sentó en el borde de la cama.
En alguna parte de la ciudad de New Wittenburg había un especialista del cual Tallon desconocía el nombre y la dirección. El especialista establecería contacto con él cuando pudiera hacerlo con seguridad. Su trabajo consistía en administrar la carga de drogas, el tratamiento, que por medios a la vez físicos y psicosomáticos modificaría el aspecto de Tallon lo suficiente como para permitirle pasar a través de los puestos de control de la terminal del espacio. Cambiarían su piel, sus cabellos, la pigmentación de sus ojos; cambiarían sus huellas dactilares; cambiarían incluso sus medidas Bertillon, por medio de unas drogas que producían tensiones y contracciones en la musculatura y en los tejidos conjuntivos del cuerpo.
Tallon no se había sometido nunca al tratamiento y la perspectiva distaba mucho de entusiasmarle, pero sería preferible a perderse de vista en una prisión luterana. Si pudiera salir del hotel y permanecer en libertad, el especialista le encontraría. El problema estribaba en cómo salir.
