Estaba Kreuger, aficionado a inmovilizar a sus cautivos cortándoles los tendones de Aquiles; estaba Cherkassky, que les atiborraba de drogas psiconeurales hasta el punto de que uno nunca volvía a gozar de una noche de sueño apacible; y finalmente estaba Zepperitz. Zepperitz y sus métodos hacían que los otros dos parecieran casi bondadosos.

Súbitamente abrumado por su propia estupidez al haberse dejado arrastrar a aquel juego de espionaje, Tallon arrastró una silla hasta el centro de la habitación y se sentó en ella. En­trecruzó sus manos detrás de su espalda —un bulto pasivo— y esperó. La destrucción de Tallon como ser político, iniciada la primera vez que no había logrado encontrar una constelación identificable en el cielo nocturno de Emm Lutero, era ahora completa.

Se sintió frío, aprensivo e imposiblemente enfermo.

II

Hay ochenta mil portales, en números redondos, entre Emm Lutero y la Tierra. Para regresar a casa hay que pasar a través de todos ellos, prescindiendo del miedo cada vez más intenso, prescindiendo de la impresión de sentir cómo el cuer­po deja atrás el alma durante los tránsitos-parpadeo a través de las remotas extensiones del Bloque.

La nave alcanza el primer portal cruzando diagonalmente la corriente galáctica durante casi cinco días. El portal está en la actualidad relativamente cerca de Emm Lutero, pero se es­tán separando el uno del otro a un ritmo de unos seis kilóme­tros por segundo. Esto se debe a que el planeta y su sol pater­no están nadando con la marea galáctica, en tanto que el por­tal es una esfera imaginaria anclada a un punto de la inamovi­ble topografía del no-espacio.



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