Bob asintió, con la boca llena, y se arrimo al grupo que estaba alrededor del mantel.

Después de comer, los jóvenes conversaron un rato y luego se echaron a dormitar; una hora después volvieron al agua, donde continuaron sus juegos violentos, finalmente, al advertir la proximidad de la abrupta noche tropical, levantaron sus cosa y emprendieron el regreso a sus respectivos hogares. Las despedidas fueron breves y se oyeron abundantes promesas de «escribir cuanto antes».

Bob continuó su camino solo hasta su casa. Sen tía esa mezcla de pena y de placer anticipado que es común en ocasiones semejantes. Cuando llegó la casa, el último sentimiento había vencido y esperaba ansioso el momento de volver a encontrar a sus amigos de la escuela, a quienes dejara de ve durante aquellos dos meses. Cuando atravesó la puerta silbaba alegremente.

Con la oportuna ayuda de su madre empacó rápidamente sus cosas y a las nueve de la noche y estaba en cama, durmiendo. En realidad, pensaba que era demasiado temprano para acostarse, pero ya conocía el valor de la obediencia.

Tal como había planeado, el Cazador permaneció inactivo durante algunas horas, hasta que Bob se durmió. Pero le era imposible continuar de ese modo un día entero; aunque no se moviera, por el solo hecho de vivir, gastaba cierta cantidad de energía y, por ende, de oxígeno. Al advertir que su provisión decrecía cada vez más, pensó que sería necesario reforzarla antes de que la situación se volviera desesperante.

A pesar de que su anfitrión se hallaba dormido no fue menos prudente. Por el momento se encontraba debajo del diafragma y no deseaba, de ningún modo, perturbar el corazón que sentía latir más arriba; pudo localizar sin esfuerzo una gran arteria en el abdomen que ofrecía mucha menos resistencia a la penetración que otras zonas cercanas de organismo.



22 из 229