
¡No hagas nada que pueda dañar a tu compañero!
CAPITULO 3 — FUERA DE JUEGO
¡No hagas nada que pueda dañar a tu compañero!
Para la mayoría de los seres de la especie del Cazador ni siquiera existía el deseo de violar esta ley, ya que acostumbraban a vivir en términos de con los seres cuyos cuerpos calurosa camaradería con los seres cuyos cuerpos compartían. Los pocos individuos que constituían una excepción eran mirados con el mayor horror y congéneres. Era precisamente a uno de éstos a quien perseguía el Cazador en el momento de chocar contra la Tierra; y ese individuo que el conocía tan bien, debía ser localizado y apresado aunque sólo fuera para proteger a su raza de los ataques de esa criatura irresponsable ¡No hagas nada que pueda dañar a tu compañero! Desde la llegada del Cazador, aparecieron enjambres de glóbulos blancos en la saludable sangre del muchacho. Hasta el momento había evitado permaneciendo alejado del centro de las arterias, pero ahora varios de ellos se movían libremente en el tejido linfático y constituían un serio inconveniente para el Cazador. Sus células no eran inmunes al poder de absorción de los glóbulos blancos y debía esquivarlos constantemente para evitar una lesión en su cuerpo. Sabía que esto no podía seguir así indefinidamente; era necesario que ocupara también de otros asuntos, ya que si continuaba evadiéndose o comenzaba a luchar contra los leucocitos se produciría invariablemente un acrecentamiento de los mismos y, tal vez, acarrearía así un estado patológico a su anfitrión.
