Poco después, la máquina volvió a encontrarse en el aire cristalino. Mientras el avión describía un amplio giro, distinguió una gran ciudad construida alrededor de un populoso puerto. Luego, el ronco zumbido de los motores subió de intensidad y aparecieron dos grandes ruedas en la parte inferior del aparato; la máquina se deslizó blandamente hasta apoyarse sobre una pista de superficie muy dura. En ese momento los pasajeros sintieron solo una leve trepidación del aparato. El aeródromo se hallaba ubicado cerca del puerto, alejado de los edificios de mayor altura.

Cuando Roberto desembarcó, se dió vuelta par mirar una vez más el aeroplano, entonces pudo el Cazador formarse una idea más exacta de su tamaño y de los detalles de su construcción. Como le resultaba imposible apreciar el poder de los cuatro voluminosos motores, no pudo estimar la velocidad la fluctuación de las capas de aire que se hallaba en contacto con las enormes máquinas le hizo pensar que éstas debían haber desarrollado una considerable temperatura; por lo menos, estaba segur de que no eran como los transformadores de palma usados por los seres de su raza y sus aliados. De cualquier modo, era evidente que la máquina podía recorrer una fracción respetable de la circunferencia del planeta sin tener que descender para proveerse de combustible.

Después de bajar del avión el joven tuvo que realizar los trámites para obtener su equipaje; luego tomó un ómnibus que lo condujo a la ciudad.

Allí caminó un poco y entró en un cine. Todo resultaba divertido para el Cazador. Aún no había oscurecido cuando salieron para regresar a la estación de ómnibus. Después de recoger las valijas que había depositado allí, tomaron otro ómnibus.

Esto resultaba una verdadera expedición; el vehículo salió de la ciudad y recorrió varios pueblecitos. El sol se había ocultado, casi, cuando se apearon.



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