
Aunque el Cazador no era un científico tenía algunas nociones sobre ciencias— sería imposible manejar una nave interplanetaria sin saber en absoluto cómo funciona. Los principios elementales de la Física son los mismos en todas partes y, aun aquellos conceptos aceptados por los autores de los textos de estudio de Bob que diferían de los del, Cazador podían hacerse comprensibles a través de los gráficos. Esos diagramas iban casi siempre acompañados por explicaciones escritas, que constituían verdaderas claves para la comprensión de una gran cantidad de palabras.
Un día, durante la clase de Física, el profesor mostró un dibujo salpicado de gruesas letras para explicar un problema de mecánica. El observador oculto comprendió súbitamente la conexión entre letras y sonido y, pocos días después, era capaz de visualizar la escritura de cualquier palabra nueva que ola.
El aprendizaje fué cada vez más veloz. A medida que aumentaba la cantidad de palabras conocidas, prendía mejor las explicaciones. A principios de Noviembre, dos meses, después del comienzo de las clases —el vocabulario del Cazador era semejante en cantidad al de un niño de diez años, aunque su contenido no fuera el mismo. Poseía una reserva, quizás excesiva, de términos científicos y, en cambio, grandes lagunas en terrenos menos especializados. Además, varios términos sólo tenían para él una acepción: la científica— así, por ejemplo la palabra «trabajo» significaba: «fuerza por distancia», etc.
Cada vez eran más frecuentes las oportunidades que tenía de descubrir el significado de los textos explicativos: lo hacía con gran habilidad y de este modo podía enterarse más a fondo de las costumbres humanas que ignoraba.
A comienzos de diciembre, cuando la extraña criatura había olvidado todos sus planes debido al interés que despertaba en él el aprendizaje su educación se interrumpió.
