– Bueno, tu sabes que nunca te he gustado.

Caroline presionó su improvisado vendaje contra el hombro ensangrentado de Percy, quizás con más fuerza de la que era necesaria.

– Lo que yo – escupió – es que tu padre y a ti siempre os ha gustado bastante mi herencia.

– Creo que tu herencia no me gusta tanto como tu me disgustas. – se quejó Percy – Eres demasiado mandona, no eres tan guapa, y tienes la lengua propia de una serpiente.


Caroline apretó su boca hacia dentro, en una línea severa. Si tenia una lengua afilada, eso no era un defecto. Había aprendido rápidamente que su talento era su única defensa contra el desfile de tutores horribles, a los que había tenido que soportar desde el fallecimiento de su padre, cuando ella tenía diez años. Primero había sido George Liggett, un primo hermano de su padre. No había sido tan mal tipo, pero desde luego no sabía lo que hacer con una jovencita. Así que le sonrió una vez (solo una vez, por Dios) le dijo que era muy feliz por encontrarse con ella, y la llevó a una finca apartada con una niñera y una institutriz. Y entonces comenzó a olvidarse de ella.


Pero George murió y la tutoría pasó a su primo hermano, que nunca tuvo relación con ella ni con su padre. Niles Wickham era un viejo avaro y mezquino que veía una pupila como un buen sustituto de sirvienta, e inmediatamente le había dado una lista de tareas más larga que sus brazos. Caroline tenía que cocinar, limpiar, planchar, lustrar, fregar y barrer. Lo único que ella no tenía que hacer era dormir.

Niles, de cualquier manera, se atragantó con un hueso de pollo, se le puso la cara de un color morado, y murió. Los juzgados ya no sabían que hacer con Caroline, quien con quince años parecía demasiado culta y adinerada para meterla en un orfanato, así que le pasaron la tutoría a Archibald Prewitt, primo segundo de Niles. Archibald era un viejo verde, que había encontrado a Caroline demasiado atractiva para su tranquilidad, y fue entonces cuando comenzó su hábito de llevar siempre un arma encima. Pero Archibald tenía un corazón débil, así que Caroline sólo tuvo que vivir con él durante seis meses antes de asistir a su funeral y despedirse para irse a vivir con su hermano pequeño Albert.



4 из 286