Albert bebía mucho y usaba sus puños, por lo que Caroline aprendió rápidamente a correr rápido y esconderse bien. Es posible que Archibald la hubiese buscado a tientas muchas veces, pero Albert era un pobre borracho y cuando la golpeaba, dolía. Llegó a ser bastante hábil oliendo licores dentro de una habitación. Albert nunca levantó su mano contra ella cuando no estaba bebido.


Pero, desafortunadamente, Albert raramente estaba sobrio, y en una de sus furiosas borracheras le dio una patada tan fuerte a su caballo que el animal le devolvió una coz. Justo en la cabeza. Por aquel entonces Caroline ya estaba acostumbrada a moverse de un lado para otro, así que, tan pronto el médico colocó la sábana sobre la cara de Albert, hizo su equipaje y esperó a que los tribunales decidieran donde enviarla ahora.


Pronto se encontró viviendo con el hermano pequeño de Albert, Oliver y su hijo Percy, el que en este momento se estaba desangrando. Al principio, Oliver le había parecido el mejor de todos, pero Caroline rápidamente se percató de que Oliver no la quería a ella sino a su dinero. Una vez que él descubrió que su pupila venía con una suma bastante importante, decidió que Caroline (y su dinero) no escaparían de sus garras. Percy era sólo unos años mayor que Caroline, así que Oliver les anunció que se casarían. Ninguno de los dos estaba conforme con este plan, y así se lo hicieron saber, pero a Oliver no le importó; provocó a Percy hasta que consintió, y entonces se dispuso a convencer a Caroline de que ella debía llegar a ser una Prewitt.


– Convéncete – se le imponía a gritos, la abofeteaba, la hacia pasar hambre, encerrándola en su habitación, y por último, le ordenó a Percy que la dejase embarazada y así ellos tendrían que casarse.



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