– Antes criaría a un bastardo que a un Prewitt -, dijo Caroline entre dientes.

– ¿Qué fue eso? – preguntó Percy.

– Nada.

– Tienes que irte. – dijo bruscamente cambiando de tema.

– Esta claro.

– Mi padre me dijo que si no te dejaba embarazada el mismo lo haría.

Caroline por poco vomitó.

– ¿Te tengo que suplicar el perdón? – dijo ella con voz inusualmente temblorosa. Incluso Percy era preferible a Oliver.


– No sé a donde puedes ir, pero necesitas desaparecer hasta que cumplas los veintiún años. ¿Que es… cuando?… Pronto, según creo.

– Seis semanas – susurró Caroline – seis semanas exactamente.

– ¿Puedes hacerlo?

– ¿Esconderme?

Percy asintió con la cabeza.

– Tendré que hacerlo, ¿Verdad? Aunque necesitaré dinero. Tengo algo de dinero suelto, pero no tengo acceso a mi herencia hasta mi cumpleaños.

Percy hizo una mueca de dolor cuando Caroline desprendió la prenda de su hombro.

– Te puedo ayudar un poco – dijo él.

– Te lo devolveré. Con intereses.

– Bien, tienes que irte esta noche.

Caroline echó un vistazo a la habitación.

– Pero… el desorden… Tenemos que limpiar la sangre.

– No, déjalo. Mejor decir que yo te dejé escapar porque tu me disparaste, que porque yo sencillamente arruiné el plan.

– Un día de estos tendrás que hacer frente a tu padre.

– Será más fácil cuando te vayas. Hay una chica estupenda dos ciudades más allá a la que tengo en mente cortejar. Ella es callada y obediente. Y no es tan flaca como tú.


Caroline inmediatamente sintió lástima de la pobre chica.

– Espero que todo te salga bien – mintió.

– No, no lo esperas, pero no importa. Realmente, no habrá ningún problema en cuanto te vayas.

– ¿Sabes, Percy? ¿Que siento exactamente por ti?



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