– La corte es un mundo muy distinto del nuestro -suspiró lord Cambridge-. Ahora prefiero los fríos inviernos de Cumbria a los placeres de la corte. Me asombra que alguna vez me haya gustado esa forma de vida. Aunque, si te parece mejor que la pobre Philippa permanezca allí, seguiremos el dictado de tus instintos maternales.

– No me digas que finalmente te encariñaste con Otterly. ¿Acaso también disfrutas de la vida tranquila? -se burló Rosamund.

– Bueno -respondió malhumorado-, ya no soy tan joven como antes, prima.

– No digas tonterías. Estoy segura de que Banon te mantiene bien ocupado. Siempre fue muy vivaz.

– Tu segunda hija es una niña deliciosa. Desde que vino a vivir con nosotros el año pasado, la casa se ha colmado de alegría. Me sorprendió que quisiera mudarse conmigo, Rosamund. Pero, como bien me lo señaló Banon, si algún día se convertirá en la dama de Otterly, debe conocer todos los detalles de la propiedad y su funcionamiento. Es una joven muy inteligente. Algún día, tendremos que encontrarle un marido digno de ella.

– Pero antes ocupémonos de los problemas de Philippa -le recordó Rosamund-. Estamos de acuerdo en que ella se quedará en la corte, a menos que Catalina decida enviarla a Friarsgate. Agradeceremos a la reina su ofrecimiento, y le diremos que nosotros nos encargaremos de buscarle marido a Philippa; aunque, por supuesto, el candidato deberá contar con la bendición de Sus Majestades. Thomas Bolton sonrió con picardía.

– No has perdido la mano, querida. Sí, dile todo eso. Es perfecto. Recuerda enviarle mi cariño a Philippa cuando le escribas. Ahora que he resuelto todos tus problemas, primita, aliméntame que tengo un hambre feroz. ¿Qué me ofrecerás? ¿No pensarás conformarme con un guiso de conejo? ¡Quiero carne de vaca!



11 из 305