– Pero Su Majestad nunca dejó de cumplir con sus deberes reales. Ella y el rey han tenido siempre muchos intereses en común. Todavía salen de caza juntos y él la visita en sus aposentos todos los días después del almuerzo.

– Fíjate que siempre acude rodeado de cortesanos -añadió Philippa-. Es raro que la pareja tenga intimidad. ¿Cómo es posible que un hombre engendre un hijo sí nunca está a solas con su esposa? El rey se queja, pero no hace nada para modificar la situación.

– ¡Calla, Philippa!, puede haber alguien escuchando.

– ¿No has notado todavía que el rey empezó a mirar a la señorita Blount? Parece un gato en celo que se relame ante un bello y regordete pichón.

Cecily sonrió con malicia.

– Philippa, eres terrible. Elizabeth Blount es una muchacha encantadora; nunca la vi hacer maldades como Millicent Langholme.

– El rey la llama Bessie cuando cree que nadie lo oye. Lo escuché con mis propios oídos. Observa su rostro cuando ella baile de nuevo con él una de estas noches.

– La nombraron Elizabeth en honor a la madre del rey. La mamá de Bessie era una Peshall y su padre peleó en Bosworth bajo las órdenes de Enrique VII cuando derrotó a Ricardo III. Nació en Shropshire, que está tan al norte como tu odiada Cumbria, ¿no es cierto?

– Pero habrás notado que no vive en Shropshire. Elizabeth es una criatura de la corte, como yo, y, además, tiene excelentes conexiones.

– Y, sobre todo, es muy bella -recalcó Cecily-. Tienes razón: su primo, lord Montjoy, es uno de los favoritos del rey. Y el conde de Suffolk y Francis Bryan también se sienten atraídos por ella. ¿La has oído cantar? Tiene una voz preciosa.

– Quisiera ser como ella -suspiró Philippa con melancolía-. Siempre atrae todas las miradas.

– Especialmente la del rey. ¿Qué pasaría si Su Majestad decide…? Tú sabes… ¿Su vida no quedaría arruinada para siempre? Quiero decir que nadie se casaría con una joven que fue…



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