
– Una dama no puede rechazar al rey -sentenció la joven-. Y los monarcas se preocupan por sus amantes. Al menos así lo hizo el rey Jacobo. ¿Piensas que el buen Enrique no cuidaría de las suyas? Si no lo hiciera, su conducta sería indigna de un caballero, y nuestro rey es el hombre más honorable de toda la cristiandad. Recuerda el último verano, cuando la fiebre asoló a Inglaterra y el rey trasladó a toda la corte de Londres a Richmond y luego a Greenwich hasta que, finalmente, la epidemia remitió. Se preocupa mucho por su pueblo. Es un gran rey. -De pronto, volvió a invadiría el desánimo y cambió el tema de repente-: ¿La gente habla de mí y del desplante de tu hermano, Ceci? ¿Qué voy a hacer de mi vida? No soy la más codiciada de las jóvenes casaderas por culpa de mis malditas tierras. Seamos sinceras: tu hermano era un gran candidato para mí y se hubiese convertido en un próspero terrateniente.
– Todas las doncellas sienten una gran pena por ti, salvo, por supuesto, Millicent Langholme. Era un excelente matrimonio. Pero ahora, Millicent no hará más que jactarse de su novio, sir Walter Lumley, y sus propiedades en Kent. Sir Walter está negociando un acuerdo con su padre, ella espera desposarse antes de fin de año.
– Para entonces, tú también estarás casada. Y yo me quedaré sola, sin mi querida confidente. Aunque nos conocimos a los diez años, parece que hubiésemos sido amigas siempre. La mejor época de mi vida ha sido la que pasé en la corte. Jamás me iré de aquí.
– No me casaré hasta el final del verano. Además Tony y yo regresaremos a la corte en Navidad. Maggie Radcliffe, Jane Hawkins y Annie Chambers te harán compañía cuando no esté. Y la desagradable Millicent estará felizmente casada y será la dama de las tierras de sir Walter en Kent.
De pronto, una sonrisa maligna se dibujó en los labios de Philippa.
– Millicent podrá tener a sir Walter, pero sólo después de que yo haya terminado con él. Ahora que tu hermano me despreció, soy libre como un pájaro.
