¿Cómo puedes preferir una vida de celibato, de arduo trabajo en una iglesia miserable o rodeado de libros en un lugar polvoriento, a casarte conmigo? ¿Cómo se te ocurre rechazar a una heredera como yo? ¡Tú ni siquiera eres primogénito, Giles! Nuestro matrimonio también era muy ventajoso para nuestras familias. Tú hubieses poseído Friarsgate y yo, a cambio, hubiese sido condesa. Te he amado desde los diez años, ¿y ahora me dices que no me amas? -Las lágrimas comenzaron a rodar por sus mejillas.

– No comprendes, Philippa, sí te aprecio. Eras la niña más encantadora del mundo y te has convertido en una bellísima joven. Pero no te amo como un marido debe amar a su esposa. Amo más a Dios. Cuando viniste por primera vez a la corte, no tuvimos oportunidad de conocernos bien. Al poco tiempo, partiste a Friarsgate y cuando regresaste a palacio para servir a la reina, yo ya me había ido hacia el extranjero. Tú no me amas en realidad. Estás enamorada de un sueño, de una fantasía que inventaste. Lo superarás muy pronto, te lo aseguro.

– Te amaré hasta la muerte. No puedo creer que no me ames. Que elijas la vida clerical en lugar de una esposa y tierras propias. ¡Es absurdo!

– Philippa, no quiero tus tierras. Están situadas demasiado al norte para mí. Antes de venir a la corte crecí en el sur, en la frontera entre Gales e Inglaterra. No hubiese soportado el inhóspito clima de tu región ni vivir tan alejado de mi familia.

– ¿Acaso no te sentirás triste en Roma? Estarás mucho más alejado de tu familia que en Cumbria. No podrás ver a los tuyos a menos que vuelvas a Inglaterra. -La joven se secó las lágrimas de su bonito rostro.

Giles sonrió con gentileza.

– Me ordenaré sacerdote en cuanto regrese a Roma. Me prometieron un puesto en el Vaticano al servicio del mismísimo Santo Padre. Al parecer mi talento para las finanzas será de utilidad para la Iglesia. Pero, dondequiera que me envíen, siempre me sentiré en casa y contento mientras esté al servicio de Dios. -Tomó la mano de la joven y la besó-. ¿No me deseas buena suerte, Philippa? -Sus ojos azules la observaban con calma. No expresaban ningún sentimiento hacia ella; quizás, un poco de lástima.



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