A juzgar por la tasa de compresión de su puño, y de la proporción hueso-vaca, el padre-huésped contiene un 31,2 de grasa corporal. Lleva puesto un dispositivo de muelle anclado sujeto al bolsillo de la pechera de la camisa, y de allí cuelga una insignia con un nombre plastificado, con el código punto naranja, nivel de seguridad nueve. Una banda magnética para ser descifrada por un lector. La banda indicadora de exposición biológica típica de la industria americana, donde la línea de la parte baja de la insignia es gris, y la banda no muestra ninguna exposición reciente.

El agente-yo está zarandeando el puño enorme del padre-vaca mientras la mano libre del agente intenta agarrarle la insignia de seguridad.

Y al siguiente momento, el padre-vaca huésped dice:

– Quieto parado, pequeñajo. -Dice-: Eso no se toca. -Y tocando la insignia, dando golpecitos con la tarjeta plastificada contra su propio pecho hediondo a vaca, el padre dice-: Alto secreto. -Cuando habla emite aliento de Viagra, tufo a Propecia y a goma de mascar de menta.

El agente-yo está listo. Podría limitarse a dar sendos golpes afilados con los codos en el pecho del padre, uno-dos, catacrac, la maniobra del Águila Voladora, y al cabo de tres días, para el día después del día siguiente de hoy, el padre estaría vomitando los dos pulmones, deshecho en hemorragia masiva, muerto. Rápido y fácil como cosa de niños.

La madre-huésped clava el codo en las costillas del padre- huésped y dice:

– Menos lobos, señor Importante.

La madre-huésped tiene aspecto de pollo tembloroso, con una barbilla huesuda y afilada que parece un pico, una barbilla que se hunde y se gira a los lados, no se queda quieta ni un momento, y la madre-pollo dice:

– ¡Mírate! -Su cara estalla en un grito silencioso de ojos como platos y dientes, lengua puntiaguda y cejas que salen disparadas a lo alto de su frente de pollo. Las garras huesudas de la madre-pollo agarran las dos manos de este agente y las levantan para extender los brazos demasiado por encima de la cabeza de este agente. Dejando al agente-yo así de explícito e indefenso, la madre-huésped dice-: ¡Pero mira qué flaco!



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