Ésta era la gran noche.

Todos decían que tenías una posibilidad entre dos… a menos que te tocara examinarte con Mericet, en cuyo caso sería mejor que te rajaras la garganta antes de empezar.

Teppic tenía clase de Estrategia y Teoría de los Venenos con Mericet cada jueves por la tarde, y no se llevaba demasiado bien con él. Los dormitorios de la Escuela de Asesinos eran un hervidero de rumores que giraban alrededor de Mericet. El número de asesinatos, el asombroso despliegue de técnicas distintas… En su época Mericet había roto todos los records. Decían que incluso había liquidado al Patricio de Ankh-Morpork… no al actual, naturalmente, sino a uno de los que estaban muertos.

Quizá le tocaría examinarse con Nivor, un hombrecillo gordo y jovial al que le encantaba comer y que daba clase de Trampas y Argucias Letales los martes. Teppic tenía un talento natural para tender trampas, y se llevaba muy bien con el profesor. O quizá le tocaría examinarse con le Kompte de Yoyo, quien tenía a su cargo la enseñanza de Idiomas Modernos y Música… A Teppic no se le daban muy bien ninguna de las dos asignaturas, pero le Kompte era un entusiasta de la escalada urbana y tenía debilidad por los chicos que compartían su afición a balancearse muy por encima de las calles de la ciudad sosteniéndose con una sola mano.

Teppic pasó una pierna por encima del alféizar y desenrolló la cuerda de seda. Enganchó el garfio en un desagüe situado dos pisos por encima de su cabeza y saltó por el hueco de la ventana.

Un asesino jamás utiliza la escalera.


Si queremos establecer cierta continuidad con los acontecimientos posteriores, quizá haya llegado el momento de explicar que el matemático más genial de toda la historia del Mundodisco estaba acostado y cenaba apaciblemente.

Resulta interesante observar que debido a la constitución propia de su especie la cena de dicho matemático consistía en su almuerzo.



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