
Como si fuera a dejarla allí sola, en su casa.
– Hoy puedo trabajar desde casa.
– Estupendo.
Willow le sonrió y lo miró como si todo fuera normal. Como si ella fuera normal.
– No puede invadir mi casa y mi vida así como así -la informó Kane.
– Yo no lo he invadido. Simplemente, me he tropezado. Literalmente.
Volvió a sonreír. Fue una sonrisa que la transformó de chica mona en mujer hermosa y le confirió brillo a sus ojos. Era como si se hubiera contado un chiste a sí misma y sólo ella lo entendiera. Lo que, dado su sentido de la realidad, debía de ser cierto.
– ¿Quién demonios es usted? -preguntó Kane.
– Ya se lo he dicho, soy la hermana de Julie.
– ¿Por qué no está trabajando?
– Yo también trabajo desde casa. Soy dibujante de cómics. ¿Tiene algo de comer? Estoy muerta de hambre.
Kane nunca tenía mucha comida en casa. Le resultaba más fácil comprarla fuera y llevársela a casa a la vuelta del trabajo. No obstante, debía haber algo.
– Iré a ver -Kane se dirigió a la cocina.
– No como carne, soy vegetariana.
– Sí, claro, era de esperar -murmuró él.
La gata lo siguió a la cocina. Kane examinó la despensa y encontró una lata de atún. Después de abrirla, derramó el contenido en un plato y lo dejó en el suelo. La gata empezó a tragar.
– Debía de estar muerta de hambre.
Kane alzó los ojos y vio a Willow junto a la puerta, apoyada sólo sobre un pie, agarrándose al marco y con la mirada fija en la gata.
– Pobrecilla. Sola en el mundo y preñada. El gato que la dejó preñada no se ha molestado en quedarse a su lado por si necesitaba algo. Típico. Un reflejo perfecto de nuestra sociedad actual.
Kane se frotó las sienes, notaba el principio de una jaqueca.
