
– Willow -dijo Marina con impaciencia.
– ¿Qué? Ah, perdona. Bueno, vine para pegarle unos cuantos gritos a Todd. Estuvo a punto de hacer que Julie y Ryan se separasen y no podía soportar pensar en ello. ¿Quién demonios se ha creído que es? Además, está lo del millón de dólares y Todd es tan ególatra que debe de estar pensando que nos morimos de ganas de verlo ahora que Julie está prometida. Tengo ganas de darle con un bastón en la cabeza.
– Para ser vegetariana y tan amante de la naturaleza, eres sorprendentemente violenta -dijo Kane desde la cocina.
– No soy violenta -respondió Willow alzando la voz-. No he sido yo quien va por ahí con una pistola. A propósito, ¿dónde está?
– Escondida.
Marina agrandó los ojos.
– ¿Tenía una pistola?
– Sí, pero no te preocupes. Cuando llegué aquí esta mañana, Kane abrió la puerta y supongo que me consideró una auténtica amenaza. Intentó detenerme.
– ¿Qué?
– Es su trabajo. Es el encargado de seguridad de todas las empresas de Todd y Ryan. No le gusta que la gente piense que sólo está a cargo del cuidado de la casa -Willow se inclinó hacia delante y bajó la voz-. Intentó detenerme, pero yo eché a correr y salí al jardín, pero Kane me dio alcance. Luego, me tropecé y, al caer, me destrocé el tobillo. Fue entonces cuando vi a la gata con sus crías. Y eso ha sido todo, aquí estamos.
Marina se tapó la boca con una mano; luego, la dejó caer.
– No sé si reír o llorar. Willow, Willow, eres imposible.
Kane salió de la cocina con un cajón de arena para gatos en las manos.
– ¿Es esto lo que creo que es?
– Sí, si piensas que es un cajón de arena para gatos -respondió Marina antes de volverse hacia su hermana-. Es biodegradable. Estupenda, ¿verdad?
– Sí. Gracias. ¿Dónde te parece que la pongamos?
Marina miró a su alrededor.
– En un sitio algo más escondido.
