
– ¿Se siente bien señor Figaro? Está un poco pálido.
Figaro, que no estaba casi nunca al sol, apartó la mirada del abrigo de piedra y la miró a los ojos. Durante un momento no dijo nada; luego se echó a reír.
– Estoy bien, Carol -replicó y empezó a reírse de nuevo, sólo que esta vez no pudo parar, hasta que tuvo que quitarse las gafas y apoyarse con las dos manos en la mesa, llorando y llorando a lágrima viva.
2
La mañana en que soltaron a Dave Delano de la Penitenciaría de Miami, en Homestead, pasaron dos cosas.
Una fue que Benford Halls, que hacía poco había sido transferido desde Homestead a la Penitenciaría del Estado en Stark, fue ejecutado. Aunque Stark estaba a muchos cientos de kilómetros al norte, las circunstancias de las últimas horas de Halls -transmitidas meticulosamente por casi todas las emisoras de radio y televisión de Florida- provocaron mucha ira y resentimiento entre los reclusos de Homestead. No sólo le habían hecho esperar durante varias horas después de las once de la noche, la hora prevista, debido a un problema con la antigua silla eléctrica, sino que, además, según las noticias, se había permitido al actor de cine Calgary Stanford presenciar la ejecución para preparar un papel de condenado a muerte que iba a representar pronto.
Dave Delano tenía buenas razones para recordar a Benford Halls. Los dos habían sido sentenciados en el mismo juzgado de Miami, el mismo día, hacía exactamente cinco años.
