
El viento aquí era menos frío; el sol brillaba a través de los jirones de nubes en el extenso oeste, haciendo relucir allí abajo calles y tejados. La ciudad le atraía por su rareza, y sin detenerse para cobrar valor o llegar a una decisión, de modo atolondrado, Rolery bajó con agilidad y rapidez la ladera y entró por la puerta de la ciudad.
Ya dentro, siguió andando como si tal cosa, descuidada y voluntariosa. Aunque más bien la movía el orgullo: su corazón le latió aceleradamente mientras seguía las piedras grises y perfectamente planas de aquella calle tan rara. Iba mirando de izquierda a derecha, y de derecha a izquierda, apresuradamente, a las altas casas, todas construidas sobre el suelo, con tejados inclinados, y ventanas de piedra transparente (¡así qué lo que decían era verdad!), y los estrechos pedazos de tierra frente a algunas casas, donde enredaderas kellen y hadun de brillantes hojas escarlata o naranja trepaban por paredes azules o verdes, dando una nota de color al gris parduzco del paisaje otoñal. Cerca de la puerta del este había muchas casas desocupadas; el color estaba cayendo en costras de la piedra, y las ventanas resplandecientes habían desaparecido. Pero más abajo, descendiendo por calles y escaleras, las casas estaban habitadas, y ella empezó a encontrarse con lejosnatos.
Se la quedaron mirando. Ella había oído decir que los lejosnatos miraban a uno fijamente; pero no quiso comprobar si era verdad. Al menos ninguno de ellos la detuvo; su vestido no se diferenciaba mucho del de ellos, y algunos de aquellos seres, según pudo comprobar al mirarlos rápidamente de reojo, no tenían la piel mucho más oscura que los hombres. Pero en las caras que no se atrevió a mirar percibió la sobrenatural oscuridad de los ojos.
De pronto, la calle por la que ella iba andando terminó en una gran plaza, completamente llana, y bañada de oro y sombras por el sol poniente. Cuatro casas la rodeaban, casas del tamaño de pequeñas colinas, con filas de arcos delante, sobre los que se alternaban piedras grises y transparentes.
