
Otra cena importante con Jennifer, su prometida, la familia de la novia y amigos de su círculo social y empresarial. Las personas de ese nivel de sofisticación no tenían amigos sólo para pasar el rato. Cada una realizaba una función particular, y el total era mayor que la suma de las partes. Al menos esa era la intención, aunque Jack tenía una opinión formada al respecto.
La industria y las finanzas habían estado bien representadas, con nombres que Jack leía en el Wall Street Journal antes de buscar las páginas deportivas para saber cómo iban los Skins o los Bullets. Los políticos habían asistido en masa, a la búsqueda de votos futuros y dólares actuales. El grupo se había completado con los omnipresentes abogados, de los cuales Jack era uno, algún doctor como muestra de los vínculos con las viejas costumbres y un par de tipos de interés público para demostrar que los poderosos se preocupaban por los sufrimientos del vulgo.
Acabó la cerveza y encendió el televisor. Se quitó los zapatos, luego los calcetines de cuarenta dólares, regalo de su prometida, que arrojó sobre la pantalla de la lámpara. A este paso, ella no tardaría en comprarle tirantes de doscientos dólares con corbatas pintadas a mano a juego. ¡Mierda! Se hizo un masaje en los dedos de los pies mientras pensaba en beber otra cerveza. La televisión no consiguió retener su interés. Apartó de sus ojos el mechón de pelo oscuro y pensó por enésima vez en el rumbo que seguía su vida, al parecer con la velocidad de un bólido.
