
Pero las cosas no habían salido como él había planeado.
– No… No puede ser tuyo, Mitch. Nunca nos hemos acostado. En primer lugar, sé que hay una mujer en tu vida, una tal Susan, o Suzanne, o como sea…
El asombro arrugó la frente de Mitch. Por un momento, no se explicó cómo el nombre de Suz podía haber surgido en la conversación. Pero dicho desconcierto no le impidió corregir inmediatamente el malentendido.
– Espera un momento… En mi vida no hay ninguna mujer. Ni habría sucedido nada entre nosotros si yo hubiera tenido pareja. Creo firmemente en la fidelidad. Sin excepciones. ¿Quién te ha hablado de Suz?
– Wilma. Estoy segura de que me dijo que…
Ah, diablos. Por fin comprendía cómo había hecho Nicole aquella asociación.
– Sí, bueno… Antes de trasladarme aquí y aceptar el puesto, hubo una tal Suz. No sabía que Wilma era coqueta por naturaleza. Se me insinuó y no quise herir sus sentimientos, así que le hablé de Suz. Dios santo, ni siquiera he vuelto a acordarme de eso. No se me ocurrió que Wilma lo fuera contando por ahí.
– Pero, Mitch, tú no puedes ser el padre -insistió Nicole a pesar de la explicación.
Había millones de mujeres en el planeta, y él tenía que haberse enamorado de una que utilizaba su ego como saco de boxeo.
– Créeme. Lo soy.
– Pero creí que yo ni siquiera te gustaba…
– Mmm, Nik, eso no es ni remotamente cierto.
En lugar de tranquilizarla, aquel comentario pareció sumirla aún más en un estado de confusión. Una ráfaga de culpa sonrojó sus mejillas.
– Dios. Mira, tengo que asimilar todo esto, así que sé sincero conmigo. ¿Qué hice? ¿Te salté encima en la fiesta? ¿Fuiste incapaz de negarte porque yo era la jefa?
