– Eso no fue en absoluto lo que pasó, Nicole.

– Entonces, ¿cómo fue? ¿Y por qué no has vuelto a decirme nada después?

Mitch se frotó la nuca en un gesto de exasperación. Durante casi tres meses, habría dado lo que fuera por que Nicole le hiciese aquellas preguntas. Había tenido que hacer acopio de toda su voluntad para mantenerse callado, cuando su tendencia natural era encarar los problemas de frente. Sólo por el bien de Nicole había guardado silencio.

Se levantó despaciosamente.

– No voy a rehuir tus preguntas, Nik… Es más, deseo responderlas. Pero ya ha terminado el horario de oficina. Pareces agotada. Y no creo que el despacho sea el sitio adecuado para hablar de esto. ¿Qué te parece si encargamos algo de cenar y seguimos charlando en tu casa?

– No sé… -ella empezó a menear la cabeza.

– Te comprendo. Ha sido un día cargado de acontecimientos. Y no quiero presionarte. Pero antes de que empieces a hacer planes sobre el niño, creo que necesitas saber lo que sucedió aquella noche. Yo también soy parte de todo esto… y no me importa dónde hablemos. Sencillamente, supuse que en tu casa te sentirías más cómoda.

Nicole accedió… no porque deseara pasar más tiempo con él, sospechó Mitch, sino porque verdaderamente quería saber lo que ocurrió aquella noche.

Ambos se pusieron en marcha sin que mediaran más palabras. Ella cerró el despacho mientras él llamaba a un restaurante chino para pedir la cena. Luego, se separaron en los aparcamientos. Al cabo de media hora, Mitch recogió la comida china y se dirigió a casa de Nicole en su Miata rojo.

Al llegar, se apeó del coche, cerró la portezuela con la cadera y fijó la vista en la casa. Sólo la había visto una vez… la noche de la fiesta. Y una mirada le bastó para recordar aquella noche con todo lujo de detalles. No obstante, evocar el cuerpo cálido y dispuesto de Nicole, desnuda en la cama, y sus ojos hermosos y vulnerables, sólo entrañaba problemas. En aquella ocasión, Mitch pensó que estaba despertando a la Bella Durmiente. De hecho, podría jurar que eso fue exactamente lo que ocurrió… Pero el detalle de que la princesa no recordara absolutamente nada destrozaba, por desgracia, el final del cuento de hadas.



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