– ¿Y ése era el problema? -inquirió ella irónicamente.

– Para mí, sí. No podía soportar la tensión. El estrés. Dormía cuatro horas cada noche. Tenía una úlcera que se negaba a sanar. Perdí a una mujer que realmente me interesaba porque descuidé nuestra relación de pareja. Y lo peor era que, siendo arquitecto, sólo me dedicaba a la gestión del negocio. Quizá tenía talento para las finanzas, sí, pero ésa no era la cuestión. Lo odiaba. Estudié arquitectura porque mi sueño era construir, crear. No me gusta el papeleo. Sin embargo, el negocio iba tan bien que me resultaba difícil cortar con todo. Estaba dejando que las expectativas de mi familia gobernaran mi vida, fingiendo ser algo que no era.

Por un instante, los ojos de ella emitieron un brillo de curiosidad.

– Sí, sé lo que es eso… tratar de satisfacer las expectativas de la familia. En fin, dices que vendiste el negocio…

– Sí. Y, por un tiempo, nada pareció salirme bien. Compré una casa aquí, adquirí un barco, practiqué la pesca y el montañismo. No puedo decir que necesitara ese descanso. Pero sí necesitaba tiempo para estar seguro de mí mismo, para pensar en lo que quería hacer. Y cuando creí tener ordenadas mis ideas, envié unos cuantos currículos… y entré a trabajar contigo.

Nicole titubeó.

– Es increíble que no intuyera algo de tu pasado antes. Tú y yo hemos chocado en el trabajo a menudo. Ahora todo tiene sentido. Estás acostumbrado a mandar. A tomar decisiones rápidas para solventar los problemas. Y siempre que lo haces mejor que yo, mi orgullo se resiente.

– Si crees que nuestros choques han formado parte de una lucha por el poder, olvídalo. No quiero tu puesto, Nik. Nunca lo he querido. Personalmente, opino que la tensión que existe entre nosotros tiene un origen muy distinto.



19 из 111