– Pero no podía hacer otra cosa -le dijo a Sadie.

Y era cierto. Después de que quedara claro el terrible malhumor de Ted contra la perra, no podía hacer otra cosa.

¿Cómo podía haber estado tan ciega durante tanto tiempo?

Pero conocía la respuesta. Ted era rico, inteligente, guapo… y se interesaba por ella, Danielle Douglass, una mujer corriente de clase baja, sin padre y con una madre indiferente que había tenido poco que dar a su hija.

Ted, en contraste, le había colmado de atenciones, la había convertido en el centro de su mundo.

Le dolía haber sido tan superficial como para dejarse engañar por algunas frases bonitas y una sonrisa seductora. Pero la sonrisa no duró, y Ted poco a poco empezó a absorberla, fundir su vida con la de él, hasta dejarla insegura, desequilibrada y más sola que nunca, y había estado sola muchas veces.

Su furia contra Sadie fue la última gota.

Danielle sabía que su reacción se debía al hecho de que ella quería a la perra más que a él, de que había herido su orgullo, y quizá también al hecho de que Sadie había perdido en su última competición canina, pero no importaba.

Ya estaba fuera de su vida. Y la perra también.

Estaba muy cansada. Consecuencia de dormir en el coche prestado durante una semana, usando la ducha de un amigo cuando se atrevía, esperando el momento propicio para recuperar a su perra.

Claro que la ley no lo consideraría así, ya que Ted tenía todos los papeles de Sadie en su caja fuerte. Danielle suponía que, con tiempo y dinero, podía intentar probar la verdad: que aunque los dos tenían custodia física del perro, siempre fue ella la encargada de ofrecer afecto y cuidados.

Pero no disponía ni de tiempo ni de dinero. Ted no se tomaría bien que le hubiera quitado a Sadie delante de sus narices… ni le importaría haber sido el primero en hacerlo. Lo mejor que podía hacer era desaparecer deprisa. Si pudiera hacerse con una buena foto profesional de Sadie, podría acudir a Donald Wutherspoon, un director artístico al que había conocido en una competición canina meses atrás, y con suerte conseguirle un anuncio a Sadie.



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