Tres inspectores detectives se miraron entre sí con curiosidad. El cuarto, Lynley, no apartó los ojos de Webberly.

– Claudiqué -siguió Webberly-. Sé que están hasta las cejas de trabajo, así que puedo encargar el caso a alguien de otra división, pero preferiría no hacerlo.

Devolvió su informe a Stewart y miró al inspector, mientras este alisaba las páginas sobre la mesa para devolver a su primitivo estado los bordes doblados. Continuó hablando.

– Han asesinado a una estudiante del St. Stephen's College.

Los cuatro hombres reaccionaron al instante. Un movimiento en la silla, una pregunta reprimida al instante, una mirada en dirección a Webberly para detectar señales de preocupación en su rostro. Todos sabían que la hija del superintendente estudiaba en St. Stephen's. Su fotografía (reía mientras remaba inexpertamente con sus padres en círculos incesantes por el río Cam) descansaba sobre un archivador del despacho. Webberly leyó inquietud en sus rostros.

– No tiene nada que ver con Miranda -los tranquilizó-, pero conocía a la muchacha. Por eso me llamaron, en parte.

– Pero no es el único motivo -dio Stewart.

– Exacto. Las llamadas, fueron dos, no procedían del DIC de Cambridge, sino del rector del St. Stephen's y del vicerrector de la universidad. La situación es delicada para la policía local. El asesinato no tuvo lugar en el College

– ¿Es que la universidad no se la prestará? -preguntó MacPherson, incrédulo.

– Prefieren alguien de fuera. Según tengo entendido, se pusieron a parir por la forma en que el DIC local manejó un caso de suicidio el pasado trimestre de Pascua. Falta total de sensibilidad hacia las personas afectadas, dijo el vicerrector, por no mencionar ciertas filtraciones a la prensa. Como esta muchacha es hija de un profesor de Cambridge, quieren que todo se maneje con delicadeza y tacto.

– Inspector detective Empatía -dijo Hale, torciendo la boca. Todos sabían que era un intento, muy mal disimulado, de implicar antagonismo y falta de objetividad. Ninguno ignoraba los problemas matrimoniales de Hale. Lo último que deseaba en aquel momento era que le enviaran fuera de la ciudad en un caso que ocuparía mucho tiempo.



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