
– Tratamiento especial para su majestad -intervino Hale.
Webberly continuó.
– Aún no han realizado la autopsia, pero calculan la hora de la muerte entre medianoche y las siete de la mañana. El rostro golpeado con un instrumento pesado, contundente…
– Como siempre -dijo Hale.
– … y después, según el examen preliminar, fue estrangulada.
– ¿Violación? -preguntó Stewart.
– Aún no se han encontrado indicios.
– ¿Entre medianoche y las siete? -preguntó Hale-. Pero usted ha dicho que no la encontraron en el College…
Webberly sacudió la cabeza.
– La encontraron cerca del río. -Frunció el ceño cuando leyó el resto de la información enviada por la policía de Cambridge-. Vestía chándal y zapatillas deportivas, por lo cual deducen que estaba corriendo cuando alguien la asaltó. Cubrieron el cuerpo con hojas. Una pintora aficionada se topó con el cadáver a las siete y cuarto de la mañana. Y, según Sheehan, vomitó en el acto.
– Espero que no sobre el cadáver -dijo MacPherson.
– Arruinaría las posibles pruebas -observó Hale.
Los demás lanzaron silenciosas carcajadas en respuesta. A Webberly no le importó la frivolidad. Años de contacto con el crimen endurecían al más débil de sus hombres.
– Según Sheehan, había suficientes indicios en el lugar de los hechos como para mantener ocupados a dos o tres equipos durante semanas.
– ¿Cómo es eso?
– La encontraron en una isla que suele utilizarse como vertedero. Tienen media docena de bolsas de basura, como mínimo, para analizar, aparte de las pruebas a que se debe someter el cuerpo. -Tiró el informe sobre la mesa-. Hasta aquí llegan nuestros conocimientos. No hay autopsia. No hay copias de interrogatorios. El que se encargue del caso empezará a trabajar desde el principio.
