
– Voy a tener que… -comenzó a decir él.
– ¿Qué?
Robin no quería que Jacob pidiera ayuda.
– Bueno, entonces tendré que… -el chico se pasó la mano por el cabello-… abrazarme a tu pierna y…
– ¿Y qué hay de malo? -preguntó ella aliviada.
Estaba empezando a preocuparse ante el hecho de que Annie pudiera acercarse, buscándola.
– Pero date prisa -añadió.
– De acuerdo. Lo siento.
Entonces se sumergió de nuevo.
Robin notó cómo la brisa fresca acariciaba su cabello húmedo. Pero también el calor de los fuertes brazos de Jacob que se metieron… ¡entre sus piernas! Robin abrió los ojos de par en par.
Los hombros de Jacob rozaron los muslos de Robin y ella volvió a sentir un escalofrío. Sentía como… como…
Cerró los ojos mientras todo su cuerpo parecía agitarse de deseo. Las manos de él agarraron su tobillo y sus hombros se flexionaron tentadoramente. Luego, de repente, el cuerpo de Jacob se elevó, pegado al suyo, tratando de salir a la superficie.
El muchacho se quedó completamente inmóvil, mirando intensamente hacia detrás de ella, hacia los arbustos de color oscuro de la orilla. Robin vio las gotas de agua que colgaban de sus pestañas densas y sintió calor y vergüenza. Sin darse cuenta, separó los labios.
De repente, no tenía prisa por liberarse. Quería que Jacob se frotara contra sus piernas de nuevo. Le gustaba el tacto de su piel bajo el agua.
Jacob la miró a los ojos con deseo por un breve instante, antes de sumergirse de nuevo. Ya no intentó tener cuidado en no tocarla, sino que agarró su tobillo con todas sus fuerzas, a la vez que las ramas. Sus hombros, su pelo y su cuello se rozaron alternativamente con la parte interior de los muslos de Robin y luego un poco más arriba.
Ésta sintió las rodillas flojas y tuvo que hacer un esfuerzo para mantener el equilibrio. Se agarró a los poderosos hombros de él y, al sentir la fuerza de sus músculos, se sintió segura. Allí, con un pie enredado en las ramas, desnuda dentro del río y frotándose contra Jacob Bronson, se sintió más segura que en toda su vida.
