Las viejas y gastadas ropas del chico escondían un magnífico cuerpo y ella, incapaz de resistirse, acarició la parte superior de sus brazos. Tocó sus abultados bíceps mientras la mejilla de él estaba pegada a su muslo.

Y mientras el mundo de Robin se redujo entonces a aquel roce, sintió que el pie quedaba libre.

Cuando él comenzó a subir lentamente, las manos de ella se movieron a la vez, sin dejar de agarrarlo, y diciéndose que era para no caerse.

Lo miró a los ojos y notó por primera vez su barba incipiente. Había un gran contraste entre la de él y la de los otros chicos de la clase, que apenas tenían vello. Él era realmente guapo y Robin se preguntó cómo no se habría dado cuenta de ello antes.

Las manos de él se cerraron suavemente alrededor de su espalda y Robin se dio cuenta de que tenía los pechos fuera del agua, expuestos a los ojos ávidos de él. Se estremeció, pero no hizo intento de cubrirse. Se oyó el aullido de un coyote y la respuesta de sus cachorros.

Jacob iba a besarla. Ella veía el deseo en sus ojos. Finalmente, el deseo se transformó en determinación y el muchacho se inclinó hacia delante.

Ella subió la cabeza y los labios fríos de él rozaron los suyos, calentándoselos. Luego, se abrieron, igual que los de Robin, y la lengua de él entró en su boca. Sabía a menta y olía ligeramente a loción de afeitado, debilitada por el agua del río.

Los brazos de él la agarraron con fuerza y ella apretó los dedos sobre sus músculos, desesperada por estar más cerca. Notó que él se agarraba al lecho del río, para que no le llevara la corriente. Era fuerte y seguro.

Jacob la levantó y apretó su cuerpo desnudo contra el de él. Ella se agarró a su cuello y comenzó a enredar las piernas alrededor de la cintura de él. Se dijo que para no caerse.



12 из 107