
Robin notaba el murmullo del río, pero apenas se daba cuenta de nada que no fueran las sensaciones que notaba en su interior. Un tumulto de sensaciones que luchaban por abrirse a lo desconocido.
Cuando Jacob se separó, ella se sintió desagradablemente abandonada. Pero entonces Jacob la besó en el cuello y agarró sus nalgas. Ella apretó la cadera de él con sus rodillas.
– ¿Robin? -dijo él con voz ronca.
Jacob acarició su cabeza y la apretó contra su hombro.
– No quieres que suceda, ¿verdad?
– ¿El qué?
¿De qué demonios estaba hablando? Ella lo deseaba más de lo que había deseado antes nada en su vida. Era completamente suya. Jacob era hermoso y valiente. Era el chico… no, el hombre que siempre había esperado.
– Robin -repitió él-, tenemos que parar.
– No -protestó ella, acercando la cabeza a su hombro y lamiendo las gotas de agua de su piel. Era delicioso.
Él gimió y se apartó para mirarla fijamente a los ojos. Había en su mirada inteligencia y determinación.
– Sé que no quieres que ocurra.
Jacob la estaba rechazando.
Robin negó lentamente con la cabeza, en un intento de detenerlo.
Cuando él habló de nuevo, su voz sonó implacable.
– Eres Robin Medford y yo soy Jacob Bronson. Así que sé que no quieres que esto suceda.
Ella sintió que se le llenaban los ojos de lágrimas y golpeó los hombros de él con los puños cerrados.
Porque tenía razón.
Y porque a la vez estaba equivocado.
– ¿Robin?
Le costó unos segundos darse cuenta de que esa voz pertenecía al presente y no al pasado.
Robin levantó la mirada y vio aquellos mismos ojos de color azul oscuro.
Capítulo Dos
Jake sintió la fragilidad y confusión de Robin y tuvo que hacer un esfuerzo para no dejarse llevar por los recuerdos. La última vez que ella lo había mirado de aquel modo, había estado desnuda en sus brazos y él había tenido que utilizar toda la energía y el valor que poseía para evitar hacerle el amor.
