– Puedes ponértelo para que me enorgullezca de ti -había declarado.

– Me lo pondría si quisiera que me tomaran por cierta clase de mujer -había protestado ella.

– ¡Bobadas! Si lo tienes, exhíbelo.

Ella se lo había puesto una vez. Era tan ajustado que era imposible llevar nada debajo y enfatizaba cada movimiento de sus caderas. El escote era tan profundo como permitía la decencia y la falda era más larga por detrás, creando una pequeña cola. Era imposible andar normalmente con un vestido así. Había que contonearse.

Elise se lo puso y observó sus provocativos movimientos en el espejo. La asombró disfrutar con ello. Pero esa noche era una persona diferente. Tomó aire, abrió la puerta y salió.

La habitación estaba vacía.

Capítulo 2

Indignada, Elise pensó que Vincente Farnese se había burlado de ella. Pero un segundo después llamaron a la puerta: era él.

– Subí a mi habitación para cambiarme -explicó.

– ¿Te alojas aquí? -lo tuteó instintivamente.

– Desde luego. No tengo casa en Londres y esto me pareció lo más apropiado. ¿Puedo decir que estás impresionante? Todos lo hombres me envidiarán.

– No hables así -dijo ella, cortante.

– ¿Por qué? ¿No es lo que quieren oír las mujeres?

– Yo no soy cualquier mujer. Soy yo. Ben solía decir esas cosas, como si sólo le importase la impresión que daría a la gente. Era horrible, y si eres igual, será mejor cancelar la cena…

– Disculpa -interrumpió él rápidamente-. Tienes razón, por supuesto. No volveré a mencionar tu belleza. Mi coche espera.

Vincente le quitó el chal de terciopelo que tenía en la mano y se lo puso sobre los hombros.

La limusina esperaba en la entrada principal. El chofer abrió la puerta trasera y subieron. Poco después llegaron a una calle de Mayfair, y llamaron a una discreta puerta. Una pequeña placa identificaba el lugar como Babylon.



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