
Mientras ambos estuvieran de acuerdo en ese punto, todo iría bien.
Él durmió tres horas, mientras a ella se le derretía el corazón al contemplarlo. Elise se quedó adormilada y despertó cuando él retomó la situación en el punto exacto donde la había dejado. Se miraron y sonrieron, para luego rendirse a la pasión.
– Hora de volver al mundo real -suspiró Vincente, largo rato después.
– Y a esa reunión de accionistas que celebrarás pronto -comentó ella.
– ¿Cómo sabes eso?
– He estado leyendo los periódicos financieros, para mejorar mi italiano, ya sabes. Parece que te enfrentarás a una gran batalla.
– Sin duda. Pero he descubierto muchas cosas útiles en Sicilia. Cuando las procese, estaré listo. Hasta entonces casi viviré en la oficina.
– Entonces te veré de nuevo después de la reunión… si tengo tiempo disponible.
– Creo que lo encontrarás -dijo él, moviendo la mano entre sus piernas.
Ella no discutió. No merecía la pena. Sabía que la necesidad de estar juntos era mutua y que aguantar sin sexo hasta que concluyera su reunión sería un reto para su paciencia.
Por eso le provocó un placer especial que él se rindiera antes. La llamó por teléfono.
– ¿Sabes montar a caballo? -preguntó.
– Sí, me encanta, pero no tengo equipo.
– Hay una tienda en la Via dei Condotti -él le dio el nombre y añadió-: Allí tienen lo mejor. ¿Qué tal se te da?
– Prefiero un caballo tranquilo.
– Bien. Te recogeré mañana temprano -colgó.
Fue a la tienda y era cierto que era muy buena. Encontró todas las prendas que necesitaba.
– ¿No cree que el pantalón me queda algo ajustado? -preguntó al dependiente con cautela.
– Es ajustado, pero la signora puede permitirse lucir lo que otras no podrían -contestó él. Una forma cortés de decirle que le quedaba provocativo.
