Suspirando cansada, dejó la bolsa sobre la mesa y movió los hombrosen círculos para aliviar la tensión acumulada. Había compradoun caballo al llegar a Silver Mesa, ya que debía recorrer con frecuencia grandes distancias para visitar a sus pacientes, y tenía que encargarse del animal antes de que oscureciera más. Lo mantenía en un pequeñocorral detrás de la casa, dentro de una destartalada cuadra provista de tres paredes. Annie prefirió rodear la casa en lugar de atravesarla por el interior, pues no quería dejar el suelo de su hogar lleno de barro.

Justo en el instante en que se dio la vuelta para salir, una sombra se moviódesde un rincón en el otro extremo de la estancia y Annie dio un respingo al tiempo que se llevaba una mano al pecho. Al estudiar con más detenimiento aquella sombra, pudo distinguir la silueta de un hombre.

– ¿Puedo ayudarle en algo?

– He venido a ver al doctor.

Annie frunció el ceño consciente de que el desconocido no era de Silver Mesa, ya que, en caso contrario, hubiera sabido que se encontrabaante el doctor. Aparentemente, se trataba de un forastero que no esperaba encontrarse a una mujer.

La joven alzó la lámpara en un intento de ver mejor el rostro de aquel hombre.Su voz sonaba profunda y áspera, y era poco más que un susurro,pero había notado el lento acento sureño en sus palabras.

– Soy la doctora Parker -le explicó acercándose a él-. ¿En qué puedo ayudarle?

– Usted es una mujer -gruñó el dueño de la profunda voz.

– Sí, lo soy. -Ahora ya se encontraba lo bastante cerca como para distinguir el brillo febril de los ojos del desconocido y el particular olor dulzón de la infección. El hombre estaba apoyado en la pared, como si temiera no poder levantarse de nuevo si se sentaba en una silla. Con calma, Annie dejó la lámpara sobre la mesa y la graduó de forma que la tenue luz alcanzara todos los rincones de la pequeña estancia-. ¿Dónde está herido?



18 из 318