
– En el costado izquierdo.
La joven se colocó en su costado derecho y apoyó el hombro bajo la axila masculina, deslizando el brazo alrededor de la fuerte espalda para poder sostenerlo mejor. El calor que desprendía el cuerpo de aquel hombre la impactó y, por un momento, casi se sintió asustada.
– Le llevaré hasta la mesa de reconocimiento.
El desconocido se tensó ante su contacto. El ala de su sombrero ocultaba su rostro, sin embargo, Annie sintió la mirada que le dirigió.
– No necesito ayuda -afirmó, avanzando con paso firme, aunque lento, hacia la camilla.
La joven cogió de nuevo la lámpara y encendió otra antes de tirar de la cortina que ocultaba la mesa de reconocimiento, en caso de que alguien más entrara en busca de atención médica. El hombre se quitó el sombrero dejando al descubierto su espesa y despeinada mata de pelo negro, que estaba bastante necesitada de un buen corte. Después, con cuidado, se quitó su pesado abrigo forrado de lana.
Annie cogió el sombrero y el abrigo, y los dejó a un lado sin dejar de estudiar al hombre en todo momento. No veía sangre ni rastro de herida alguna, sin embargo, era evidente que estaba enfermo y que sufría un agudo dolor.
– Quítese la camisa -le pidió-. ¿Necesita que le ayude a hacerlo?
El hombre la miró con los ojos entrecerrados antes de sacudir la cabeza y de desabrocharse la camisa lo suficiente para que pasara por su cabeza. Tiró de la tela para sacarla por fuera de los pantalones y se la quitó tirando de ella hacia arriba.
Una sucia tira de tela muy apretada rodeaba su cintura, presentando uncolor rojo amarillento en el costado izquierdo. Annie cogió un parde tijeras y cortó con cuidado el improvisado vendaje, dejándolocaer al suelo. Había dos heridas justo por encima de su cintura 