El desconocido observó que Annie humedecía un paño para luego aplicarlo con delicadeza sobre las heridas infectadas, y no pudo evitar emitir un jadeo mientras aspiraba a duras penas.

– Lo siento -murmuró ella sin interrumpir su tarea-. Sé que duele, pero esto es necesario.

Rafe McCay no respondió, limitándose únicamente a seguir observándola.No era tanto el dolor lo que le había sorprendido haciéndole tomar aire con tanta brusquedad, sino el débil flujo de energía que parecía escapar del cuerpo de la joven para dirigirse al suyo cada vez que lo tocaba. Era una sensación muy parecida a la que se sentíacuando el aire parecía cargarse justo antes de que cayera un rayo. Pudo percibirlo incluso a través de la ropa cuando ella lo había rodeado con el brazo para ayudarle a llegar hasta la mesa, y ahora lo sentía con mucha más fuerza sobre su piel desnuda.

Quizá la fiebre empezaba a afectarle, o quizá todo se debiera a que llevaba demasiado tiempo sin compañía femenina. Fuera cual fuera la razón, cada vez que aquella mujer lo tocaba, se excitaba.

Capítulo 2

En cuanto Annie las rozó, las heridas de McCay empezaron a sangrar lentamente.

¿Cuándo ocurrió? -inquirió mientras intentaba tocarle con la mayor delicadeza posible.

– Hace diez días.

– Eso es mucho tiempo para que unas heridas permanezcan abiertas.

Rafe no había podido descansar lo suficiente como para permitir que su carne empezara a cicatrizar, no con Trahern siguiéndole la pista obstinadamente. Y como consecuencia, las heridas se habían abierto cada vez que había montado sobre su caballo. No obstante, sentía una amarga satisfacción al saber que el cazador de recompensas tampoco había podido darle a su pierna el descanso que necesitaba.

El whisky estaba haciendo que su cabeza le diera vueltas y se vio obligado a cerrar los ojos para evitar el mareo. De pronto se descubrió a sí mismo concentrándose incluso aún más en el tacto de las manos de aquella mujer. La doctora Parker. La doctora A. T Parker, según indicaba el cartel rudimentariamente grabado que había en la parte delantera de aquella humilde casa. Nunca antes había oído hablar de una mujer que ejerciera la medicina.



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