En medio de una silenciosa desesperación, clavó su mirada en la amplia espalda que había frente a ella. Si él podía seguir, enfermo y herido como estaba, entonces, ella también podía hacerlo. Sin embargo, aquella repentina obstinación pronto fue vencida por el dolor que invadía todas sus articulaciones. Maldito fuera, ¿por qué no quería рarar?


Rafe se había abstraído ignorando las molestias físicas y centrando toda su atención en poner distancia entre él y Trahern. Sin duda, el cazarrecompensas seguiría su rastro hasta Silver Mesa, debido a que el clavo torcido en la herradura de la pata delantera derechade su caballo dejaba marcas inconfundibles sobre la tierra, Por eso, lo primero que había hecho en Silver Mesa fue localizar al herrero y hacer que volvieran a herrar al animal. No le importaba que Trahern lo descubriera, ya que le sería imposible distinguir las huellas de su montura entre los millares que había alrededor de la herrería; eso dando por sentado que quedara algún rastro de su caballo cuando Trahern llegara a Silver Mesa, algo bastante improbable. Rafe también contaba con la ventaja de que seguir la pista de alguien a través de una ciudad tan concurrida resultaba casi imposible, dado que las huellas quedaban constantemente cubiertas por otras nuevas.

Primero, Trahern cabalgaría trazando un amplio círculo alrededor de la ciudad en busca de aquellas evidentes huellas con el clavo torcido. Cuando no las encontrara, entraría en Silver Mesa y empezaría a hacer preguntas, pero se toparía con un callejón sin salida en la herrería. Rafe había salido directamente de la ciudad después de haber herrado a su caballo, recorriendo el mismo camino que había seguido al entrar. Luego había atado al animal y había vuelto a la ciudad a pie, procurando no atraer la atención hacia él. Durante la guerra, había aprendido que la forma más fácil de ocultarse era mezclarse con la multitud.



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