
– Sí, se llama Clive.
– ¿Pero… y papá?
– Ya lo he hablado con tu padre, cielo. Las cosas… en fin, hace tiempo que no van bien entre nosotros. Pediremos el divorcio en cuanto sea posible.
¡El divorcio! Phinn sabía que su madre cada día se impacientaba más con su padre, pero el divorcio…
– Pero, mamá…
– No voy a cambiar de opinión, Phinn -la interrumpió ella-. Lo he intentado… no sabes cuántas veces lo he intentado, pero estoy cansada de luchar tanto… -Hester se detuvo al ver un gesto de protesta en el rostro de su hija-. No, no voy a decir nada malo de él, no te preocupes. Sé que lo adoras, pero intenta entenderme, hija. Estoy cansada y he decidido empezar de nuevo, rehacer mi vida.
– Y ese Clive… ¿vas a rehacer tu vida con él?
– Sí, cariño. Algún día nos casaremos, aunque no tengo ninguna prisa por hacerlo.
– ¿Entonces sólo quieres… ser libre?
– Eso es. Tú ahora trabajas y tienes tu dinero, aunque sin duda tu padre querrá que lo compartas con él, y yo… -Hester la miró, dubitativa- he encontrado un apartamento en Gloucester. Voy a dejar a tu padre, cariño, no a ti. Tú puedes venir a verme o a estar conmigo cuando quieras.
Dejar a su padre era algo que a Phinn jamás se le hubiera ocurrido. Su casa estaba allí, en la granja, con él y con Ruby.
Fue entonces, pensó, cuando todo empezó a ir cuesta abajo.
Primero, Ruby se puso enferma. Aunque su padre se había portado maravillosamente cuidando de la yegua hasta que ella volvía de la oficina. Las facturas del veterinario empezaron a aumentar, pero el viejo señor Duke le había dicho que las pagasen cuando pudieran.
Pero desde que su madre se fue los días eran interminables. Phinn no tenía ni idea del trabajo que Hester había tenido que hacer cuando vivía en casa. Ella siempre había ayudado, pero estando sola tenía la impresión de que se pasaba el día recogiendo detrás de su padre.
En ese tiempo Phinn había conocido a Clive Gillam y, aunque estaba convencida de que no iba a gustarle, en realidad le había caído bien. Y un par de años después, con la aprobación de su padre, había ido a la boda.
