– El que me imaginaba, Tommy Bucks -dijo Torres y sacó su libreta-. Es de los que te mira como diciendo: «No jodas conmigo.» Sí, es moreno, pero el tipo viste bien. Siempre que le veo va de traje y corbata.

– Como en los cincuenta -dijo Harry-. Salías de noche para ir a un club y te ponías traje o una americana elegante. Lo primero que aprendió Tommy cuando llegó fue a vestir bien. Siempre iba de veintiún botones, como un tío con dinero. De ahí le viene el apodo, Tommy Bucks, pero sigue siendo un palurdo. -Harry vio cómo Torres anotaba el nombre en la libreta. Tommy, Jimmy, como si hablaran de críos. Harry pensó un instante y dijo-: Si escucháis las conversaciones de Jimmy con otra gente es que también tenéis pinchado su teléfono. -Vio que Torres le miraba y sonreía por primera vez.

– ¿Conoces su casa en Indian Creek? Está prácticamente delante del Eden Roc -dijo Torres-. Le vigilamos desde el hotel. Suele aparecer en el patio vestido con esos shorts gigantes. ¿Cuánto pesa, ciento treinta kilos?

– Por lo menos. Quizá ronde los ciento cincuenta.

– Le vigilamos, siempre usa teléfono móvil. Así que pusimos a unos tipos en un bote amarrado al muelle del hotel con un escáner que sintoniza con su señal, con su frecuencia, y así graban sus conversaciones. Es un teléfono móvil, no necesitas una orden del juez. -Por unos momentos reinó el silencio en el interior del coche-. Lo que captas en el aire -añadió Torres-, ya sabes, las ondas de radio, son libres. Por eso no necesitas una autorización.

Harry asintió y el silencio se prolongó.

– Agradezco que me digas lo que pasa -dijo Harry-. Sé que te juegas la cabeza.

– No quiero que te hagan daño por culpa de ese imbécil de McCormick.

– Bueno, no me voy a preocupar -dijo Harry-. Si hubiera sido hace diez o doce años y Jimmy le hubiera dicho a Tommy Bucks con las mismas palabras: «Ocúpate», sería otra historia. Me refiero a cuando llegó aquí.



10 из 202