
– Así que esperas que haya cambiado algo más que su traje -comentó Torres, mirando a Harry-. No pareces muy preocupado.
– Siempre puedo dejar la ciudad -replicó Harry.
– Eres un tío con cojones -dijo Torres, con una sonrisa-. Lo reconozco.
Harry se encogió de hombros. Al menos lo intentaba.
2
Para Harry, Tommy Bucks siempre sería el Zip: un tipo que trajeron para matar a alguien, que se quedó, aprendió inglés y a vestir bien, pero que no por ello dejaba de ser la persona que era al llegar aquí.
Podía aparecer en cualquier momento, o quizá le esperaba en alguna parte. Harry, convencido de ello, pensaba: «Si te hubieses largado cuando tenías sesenta y cinco…»
Alguien había escogido esa edad como la mejor para retirarte de lo que estuvieras haciendo y Harry ahora creía que podía ser verdad. A los cuarenta ya no eres el de antes, tus piernas no son lo que solían, y veinticinco años más tarde todo empieza a fallarte. Algo que nunca había tenido en cuenta hasta que le metieron aquel tubo por la arteria, desde la entrepierna hasta el corazón, y le dijeron que debía cambiar sus hábitos. Si se hubiese largado inmediatamente después de aquello, el año pasado…
