Harry tardó un poco en contestar.

– Le dije a Jimmy que no sabía nada, ¿no es así? ¿Lo escuchaste? Aquel tipo estaba equivocado, apostó con algún otro. Le dije a Jimmy que podía comprobar mis cintas.

– Sí -replicó Torres asintiendo-, pero según Jumbo, el negrata le dijo que había apostado contigo y con nadie más, que se encontró contigo en Wolfie’s y tú anotaste la apuesta.

– No es cierto -objetó Harry-. Le dije a Jimmy que diera con el tipo para que me dijera a la cara si fui yo quien recibió su apuesta. Yo no hago negocios de esa manera, con gente que no conozco. Un jugador tiene que venir recomendado. -Harry notó que le hervía la sangre, igual que cuando habló con Jimmy Cap por teléfono, y al recordarlo comprendió de qué se trataba-. Le dije a Jimmy: «Este tipo me quiere joder, eso es todo, y ni siquiera sé por qué.» Bueno, ahora sí lo sé.

– Al tipo lo pillaron en una redada de narcóticos -dijo Torres-. Haciendo lo que le dijo McCormick consiguió que le rebajasen los cargos de intento de tráfico de drogas a simple tenencia. ¿Ves cómo trabaja? No puedes probar que el tipo no hizo la apuesta contigo, y ahora Jumbo se pregunta en cuántas apuestas le habrás estafado. También escuchamos otra conversación en la que Jumbo comentaba con uno de los suyos que si el negro tuvo el valor de presentarse ante él, la historia tenía que ser cierta, y le indicaba después que se ocupara del tema. Eso fue ayer por la tarde.

– Que se ocupara. ¿Eso fue todo lo que dijo? -preguntó Harry.

– Sí, no dijo nada de cómo quería que se hiciera.

– ¿Con quién hablaba?

– Un par de veces lo llamó Tommy.

– Tommy Bucks -dijo Harry-. Un tipo moreno. Cuando llegó de Sicilia hace doce años se llamaba Tommy Bitonti.



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