
Él no, pero había alguien. Una figura se acercaba por el espacio abierto entre las hileras de coches. Una silueta oscura venía hacia él. No era el encargado, que era más bien bajito; éste era un tipo alto, de más de un metro ochenta. Harry hubiera querido verle cruzar el aparcamiento hacia Ocean Drive, pero de repente, el desconocido dijo:
– ¿Es ése su coche?
Estaba a unos diez metros.
– ¿Cuál, éste?
– Sí, ¿es suyo?
Harry permaneció junto al Eldorado, al lado del guardabarros trasero de la derecha, mirando por encima del maletero al tipo que se acercaba. Notó el bulto que hacía su pistola contra el estómago y contestó:
– ¿Por qué quiere saber de quién es?
– Quiero estar seguro de que usted es el que busco. -Añadió-: ¿Se llama Harry?
Mientras el tipo hablaba, Harry se dijo a sí mismo que debía sacar la pistola enseguida, viendo que el otro se acercaba de la misma manera que aquel desertor se acercó a él con el fusil. Aquél no había dicho nada.
